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Stonehenge, la magia del megalito más famoso

Lunes 18 de Diciembre, 2017
¿Quién movió y levantó esas rocas de toneladas, las dispuso de ese modo y logró precisiones astronómicas y matemáticas que tardarían miles de años en descubrirse? Por Sergio Basi.

Stonehenge es uno de los monumentos megalíticos con más fama en todo el mundo. Actualmente son cientos los turistas que se acercan a diario a Amesbury, al norte de Salisbury, a admirar este crómlech neolítico de hace más de 4000 años de antigüedad.

Se estructura por cuatro circunferencias concéntricas; la exterior cuenta con unos 30 metros de diámetro y las piedras que lo forman son rectangulares y enormes todas. En el centro de todo el monumento encontramos una piedra conocida como “el altar”.

La finalidad de Stonehenge no es nada clara, la ciencia sigue investigando pues sólo hay hipótesis que indicarían que el asentamiento se trataría de un lugar sagrado como un templo, un monumento funerario, ya que ahí se encontraron unos 300 enterramientos con restos humanos, o incluso un observatorio astronómico desde el que predecir las estaciones a partir de la orientación solar y lunar sobre las piedras. Por ejemplo, por San Juan, en el solsticio de verano, el Sol sale atravesando el eje central de la construcción y se alinea con la “piedra talón”, une pieza del monumento que podría considerarse una especie de reloj astronómico que, tras tantos miles de años de historia, lleva unos 50 minutos de retraso.

O, ¿por qué no todas esas cosas?

Lo cierto es que la piedra era símbolo de lo que perdura y trasciende, de lo que no es fácilmente destructible. Además, desde los puntos de vista más mágicos, era utilizada para marcar los puntos telúricos más importantes, los antiguos conocían perfectamente no sólo los astros, sino también la tierra que pisaban y sus puntos más energéticos.

Además, eran sabios constructores, pues siguiendo las normas de la muy posterior sucesión de Fibonacci, el asentamiento cumple con todos los requisitos para pertenecer a lo que llamamos proporción dorada o aúrea, una proporción que podemos encontrar en la naturaleza de forma natural, valga la redundancia.

Cabe añadir que la cultura popular habla en relación a Stonehenge de leyendas como la de Merlín y, por tanto, de druidas y, cómo no, de avistamientos de luces anómalas.

La realidad de la teoría druida como origen del asentamiento no tiene ninguna fuerza dado que el druidismo pertenece a una cultura 2000 años posterior a la datación del monumento, la celta. Así pues, si los celtas estuvieron por Stonehenge, fue porque se lo encontraron ahí y aprovecharon sabiamente la magia y energía que de algún modo sabían que tenía. Pero si se lo encontraron la duda permanece.

¿Quién movió y levantó esas rocas de toneladas, las dispuso de ese modo y logró precisiones astronómicas y matemáticas que tardarían miles de años en descubrirse?

Respecto a estos avistamientos poco se puede decir, hay testigos que afirman haber visto ovnis y luminarias en el cielo sobre Stonehenge, hecho que da lugar a que muchos teoricen sobre el origen alienígena de estas piedras. Lo cierto es que no son pocos los monumentos megalíticos sobre los que se ha atestiguado algún tipo de hecho extraño con luces voladoras o apariciones.

Son ya muchos miles de años de un monumento que guarda celosamente sus secretos. Unos secretos que, posiblemente, podrían dar respuesta a grandes misterios de hoy. Lo cierto es que nadie duda de que se trata de un enclave mágico: cultos neopaganos de la actualidad no dudan en acudir en los solsticios a celebrar sus rituales en pleno cambio de estación. 

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