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JFK: ¿De verdad los aliens mataron a Kennedy?

Miércoles 02 de Agosto, 2017
Además de Lee Harvey Oswald, la mafia de Chicago, el lobby armamentista, los exiliados anticastristas, el servicio secreto israelí, los agentes castristas, los “Illuminati”, la todopoderosa CIA y el omnipresente FBI, unos nuevos candidatos han pasado a engrosar la lista de sospechosos de haber matado a John Fitzgerald Kennedy: los extraterrestres.
Texto Gonzalo Martorell

Bien… quizás los aliens no fueron los autores materiales del magnicidio pero acallar lo que el presidente de los Estados Unidos estaba dispuesto a revelar sobre ellos sí fue la causa última de lo que pasó aquella mañana del 22 de noviembre de 1963 en la Plaza Dealy de Dallas.

O al menos eso defienden el escritor William Lester –autor especializado en asuntos “kennedyanos”– y el ufólogo Scott Waring a tenor de una investigación que sacó a la luz dos memorandos que el primer presidente católico de los EEUU escribió diez días antes de su muerte a los responsables de la CIA y la NASA.

En dichos escritos, el inquilino de la Casa Blanca instaba a los servicios de inteligencia, de la Fuerza Aérea y de los diferentes comités científicos a liberar la información de la que dispusieran sobre los OVNIs en cuanto se hubieran coordinado las actuaciones a seguir al respecto con otras potencias.

En otras circunstancias, esta información hubiera quedado relegada a algunos medios sensacionalistas, webs conspiranoicas y revistas ufológicas. De hecho, los supuestos memorandos se conocen desde  2006… pero resulta que –en esta ocasión– se han hecho eco de ella medios tan aparentemente serios como la ABC News o la CNN

Y más allá de que todo lo que tiene que ver con los Kennedy es devorado con fruición por el gran público americano, sin duda también ha contribuido a este renovado interés el hecho de que –en plena campaña presidencial– la candidata demócrata Hillary Clinton se haya comprometido a desclasificar las materias reservadas sobre OVNIs si llega al 1600 de la Pennsylvania Avenue de Washington DC.

La posibilidad de que el presidente Kennedy se hubiera planteado revelar al mundo la verdad extraterrestre es altamente atractiva,  pero ¿qué hay de verdad y de mentira en dicha supuesta intención?

Detrás del interés de JFK por el tema OVNI había en realidad un motivo mucho más geopolítico que el afán por dar respuesta a uno de los grandes enigmas de la humanidad. Kennedy estaba seriamente preocupado por la posibilidad de que los soviéticos creyeran que los avistamientos OVNI eran maniobras hostiles de aeronaves norteamericanas y los interpretaran como una provocación. Hay que que entender que, en aquel momento y con la guerra fría en su punto más álgido, el espacio aéreo de la Unión Soviética y de los países satélites de Moscú estaba siendo continuamente violado por aviones espía de la CIA. En Moscú estaban hasta sus rojísimas narices de cachivaches capitalistas sobrevolándoles y desde el derribo en 1960 de un avión espía americano Lockheed U2 –incidente que provocó la cancelación de una cumbre entre Kruschev y Eisenhower– los rusos no se andaban con chiquitas a la hora de lanzar sus Mig contra cualquier cosa voladora que no llevara estrella roja en la cola.

A Kennedy le preocupaba que la chispa pudiera saltar de nuevo por culpa de algún OVNI y para evitarlo dispuso que los responsables de la NASA –entonces dirigida por James Webb– iniciaran un período de apertura con la agencia espacial soviética que permitiera aunar esfuerzos y minimizar este riesgo. Webb era un hombre muy cercano al vicepresidente Lyndon B. Johnson, el cual detestaba a Kennedy. Lo odiaba tanto que, de hecho, Jackie Kennedy defendió durante toda su vida que Johnson estaba involucrado en la muerte de su marido y jamás volvió a dirigirle la palabra tras el fallecimiento de éste.

A Webb le faltó tiempo para explicarle a su mentor cuáles eran las instrucciones que había recibido del presidente Johnson y fue igual de rápido en contarle a la CIA, al FBI, a los militares y hasta a la agrupación de coristas veteranas de Las Vegas su versión interesada de lo que Kennedy pretendía hacer. En pocas horas los télex de cualquier agencia gubernamental o que tuviera que ver con cohetes, defensa, misiles o investigación echaban humo despotricando de “Lancer” -el nombre en clave con el que se referían a Kennedy– y sus locas pretensiones. Y aunque en ese momento los rusos estaban más avanzados que los americanos en la carrera espacial, resultaba impensable que los contratistas privados ni los militares yanquis permitieran tal dislate.

William Lester asegura que esos memorándums le costaron la vida a JFK… y sea o no cierto, lo que resulta incuestionable es que sus planes hubieran tenido consecuencias difíciles de prever. Porque lo que Kennedy pedía a la NASA era que abriera los cajones y dejara a los soviéticos coger lo que quisieran de la investigación espacial norteamericana.

VERDADES A MEDIAS
Llegados a este punto, es imprescindible valorar la autenticidad de los documentos. Algunos analistas como Natalie Wolchover descartan su verosimilitud. Según esta joven periodista científica, JFK guardaba copias al papel carbón de todos y cada uno de sus memorandos  y ninguno tiene su correspondiente “gemelo” en los archivos habilitados para conservar documentación presidencial. Pero, para ser justos, el argumento de Wolchover ignora que de otros memorandos escritos por Kennedy tampoco se ha encontrado su duplicado en carbón.

Tampoco el sello Top Secret utilizado en el documento se correspondería –según Wolchover– con el habitualmente empleado por el servicio secreto en sus comunicaciones –que debería ocupar todo el texto y no sólo el encabezamiento–, pero existen infinidad de escritos confidenciales de la época con ese mismo tampón de tinta estampado únicamente en la parte superior del papel.

Para muchos otros especialistas locales en material gubernamental, los referidos memorándums tienen visos de ser auténticos y su tipografía, sintaxis, antigüedad e incluso marca de máquina de escribir corresponden con los empleados en las comunicaciones oficiales entre agencias.

Otra cosa es que se les quiera dar sentido ufológico. Porque basta una simple primera lectura de ambos para llegar la conclusión de que lo que Kennedy está diciendo en esos documentos es lo que pretende decir en ellos y nada más: que se busque la manera de colaborar con la URSS para desarrollar un protocolo que permita identificar los objetos voladores de cada superpotencia y evitar confusiones que puedan tener consecuencias terribles.

Conviene recordar que el mundo acababa de pasar por la crisis de los misiles, se había instalado en el Pentágono y el Kremlin la estrategia de la destrucción mutua y los aviones espía eran una pieza importante en el tablero de ajedrez de la geopolítica. 

Asumamos que los memorandos  son reales. Debemos entonces asumir también que Kennedy no habla en ellos de extraterrestres ni de contactos con otras civilizaciones y pretender que dicha orden presidencial equivale a una confirmación implícita de vida extraterrestre es forzar su interpretación hasta lo inverosímil.

Pese a eso, a partir de esa revelación inexistente empiezan a saltar liebres por todas partes. Incluso se filtra un borrador del discurso –claramente falso– con el que el presidente pretendía anunciar al mundo la noticia de los contactos extraplanetarios y cuyo fragmento principal rezaba “… las discordias del pasado han preparado a esta generación para alcanzar el objetivo de ser ciudadanos del mundo y entender que no estamos solos. Dios, en su infinita sabiduría, ha poblado el Universo con otros seres y criaturas inteligentes como nosotros. En el año 1947 nuestras fuerzas militares recuperaron del desierto de Nuevo México los restos de una aeronave de origen desconocido. La ciencia determinó que este vehículo vino del lejano espacio exterior y desde entonces hemos tenido contacto con los creadores de esa nave espacial”.

DE DROGAS, ALIENS Y ESPÍAS...
En 1991, un oficial retirado de la inteligencia naval llamado Milton William Cooper explicó que Kennedy había descubierto que buena parte de la investigación sobre tecnología alien se financiaba con dinero proveniente del tráfico de armas y drogas. Kennedy pretendía no sólo explicar al mundo la verdad sobre los contactos, sino acabar con dicha financiación criminal e incluso había puesto fecha para ello: verano de 1964.

Las afirmaciones de Cooper no dejan lugar a dudas: a Kennedy lo asesinaron las agencias encargadas de silenciar los contactos... y los lobbies para quienes la financiación ilegal generaba pingües beneficios.

Convendría matizar el entusiasmo: Cooper afirma también que el autor material de los disparos fue el propio conductor de la limusina en la que viajaba el presidente, un agente de la CIA llamado William Greer. Interrogado más tarde sobre por qué en la película Zapruder –la famosa filmación en Super8 que muestra el momento del magnicidio– el tal Greer aparece en todo momento haciendo únicamente lo que se supone que debe hacer -es decir, conducir–, la respuesta de Cooper fue la que cabría esperar de un conspiranoico: porque el metraje Zapruder había sido falseado por el Gobierno.

Con lo cual, volvemos a encontrarnos con una de las grandes paradojas de la conspiranoia: la de ser con las pruebas propias bastante más laxa en rigor que con las ajenas. Porque Cooper nunca aportó ningún documento o testimonio que pudiera sostener con credibilidad sus descabelladas propuestas.

LA TENTACIÓN VIVE ARRIBA… EN EL  UNIVERSO
La retorcida relación de la muerte de Kennedy con el tema OVNI puede complicarse más si introducimos en esta teoría de la conspiración anti-alien un tercer elemento más frívolo, aunque explosivo: las curvas de Marilyn Monroe.

A pesar de los esfuerzos del servicio secreto, que se las veía y se las deseaba para mantener ocultas las andanzas sexuales del primer presidente católico de los EEUU, era un secreto a voces que Kennedy –un mujeriego insaciable– mantenía un tórrido romance extraconyugal con la rubia platino más rutilante de Hollywood.

En realidad, el problema no estaba tanto en Kennedy –al fin y al cabo él era el primer interesado en mantener la discreción– como en sus amantes, muchas de las cuales acababan sucumbiendo a la tentación de contarle a quien no debían que se habían acostado con uno de los hombres más poderosos del mundo. A la mayoría les bastaba una visita de un par de agentes del Gobierno y una pequeña cantidad de dinero para que se les olvidara para siempre el presidencial revolcón. Pero, ¿cómo actuar cuando la susodicha ya tiene el dinero que pueda desear y además es una de las mujeres más observadas del mundo?

En honor a la verdad, Marilyn fue una persona habituada a guardar silencio sobre sus muchos amantes, pero a medida que avanzaban sus problemas de autoestima y su adicción a los fármacos se volvía cada vez más peligrosamente lenguaraz.

El tema estaba en que, según un supuesto documento desclasificado de la CIA y fechado el 3 de agosto de 1962 por un agente llamado Howard Rothberg, el presidente Kennedy había mostrado a la actriz buena parte del material clasificado más sensible sobre OVNIS –incluyendo, supuestamente, las fotografías de cuerpos conservados de entidades de otros planetas– y eso convertía a Marilyn en un bomba de relojería. La tentación rubia había anunciando una rueda de prensa justo un día antes de su muerte en la que, en principio, iba a hablar de las circunstancias del rodaje de la que sería –a la postre– su película póstuma Something’s Got to Give. Marilyn estaba enfadadísima y los periodistas afilaban las hachas porque el film incluía escenas de desnudo y Kennedy -que estaba furioso por ello- había decidido cortar por lo sano la relación.

Había pánico a lo que la despechada actriz pudiera decir en esa intervención… incluyendo su indiscreta visita a los dossieres secretos sobre extraterrestres que Kennedy había cometido el error de mostrarle.

La teoría montada por el tal Rothberg es divertida y sin duda sería una excelente base para un thriller… pero poco más porque parece obviar que Marilyn Monroe no hubiera necesitado de historias de alienígenas para acabar con la carrera de John Fitzgerald Kennedy. Le hubiera bastado admitir públicamente su idilio y la opinión pública americana habría descuartizado instantáneamente al presidente adúltero sin tener que recurrir a historietas de OVNIS.

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