Se encuentra usted aquí

Los humanoides de la Nacional

Sábado 18 de Agosto, 2018
Habla el protagonista de un extraodinario encuentro con un OVNI y sus tripulantes en la Pampa Argentina. Después de toparse con 5 seres que viajaban a bordo de un extraño objeto volador –que incluso llegó a cambiar de forma frente al testigo–, Carlos Colón experimentó una teleportación e incluso desarrolló una serie de extraordinarias capacidades psíquicas.

Descubrí el caso de Carlos Colón investigando una serie de eventos de «tiempo perdido» acontecidos en la Ruta Nacional 5, que conecta Buenos Aires con La Pampa. Entre las localidades de Trenque Lauquen y Santa Rosa decenas de automovilistas aseguran haber recorrido centenares de kilómetros en un abrir y cerrar de ojos y sin gasto de combustible. Después del primer contacto telefónico con Carlos, me quedaron claras dos cuestiones: que el testigo no pretende ninguna clase de publicidad, ofrece su testimonio porque piensa que puede ser de utilidad para otras personas que hayan vivido algo parecido; y que su carácter retraído es una barrera que debía saber franquear.

Llegamos a la pujante ciudad de Trenque Lauquen a mediados de enero de 2018. El nombre de esta localidad significa «laguna redonda» en mapuche, pueblo originario de la zona antes de la llegada de los blancos. Precisamente, en torno a la laguna se levantaron los primeros caseríos, cuyos habitantes se acostumbraron a convivir con toda clase de fenómenos extraños –como el avistamiento de luces voladoras y apariciones espectrales– que eran atribuidos a «mandinga», versión criolla del Diablo. Me acompañaban en esta investigación el psicólogo social Miguel Ángel Pumilla, la física teórica Marcela Jaroszewicz y el especialista en mitología Mario Luis Martín. Desde la estación de autobuses tomamos un taxi y aprovechamos para interrogar al conductor sobre la reputación de Carlos Colón.

Este solo tuvo buenas palabras respecto a la persona con la que enseguida nos íbamos a encontrar. Descendimos del vehículo en la puerta de acceso a la empresa del testigo, donde nos recibió muy afectuosamente. Pasamos a su oficina, una amplia estancia bien equipada, y comenzamos a preparar los equipos de filmación. Entonces, Carlos Colón se dirigió a nosotros en voz alta para que todos pudiéramos escucharlo: «Lo único que les pido es que se mantenga al pie de la letra lo que voy a narrar; no modifiquen nada para hacerlo más atractivo. Esto es lo que hay».

EFECTOS FÍSICOS
«Yo era una de esas personas que se reían de esta clase de fenómenos », nos confesaba, para comenzar con el relato de los hechos. La tarde del 25 de agosto del año 1999, Colón estuvo en un establecimiento rural realizando un trabajo de mantenimiento. En el camino de regreso comenzó a «sentir un zumbido», que relacionó con una avería en el alternador eléctrico del vehículo. Le pareció extraño porque acababa de adquirir la camioneta. «Ese ruido me molestaba demasiado, así que paré en el arcén, momento en el que el motor se paró en seco». Desconcertado, el empresario abrió la puerta del automóvil y puso sus pies en el suelo. Entonces se dio cuenta de que había algo en el cielo, estático y a escasa altura.

«¿Qué demonios es eso?», exclamó, y corrió a ocultarse en la parte trasera de la camioneta. Desde allí observó con claridad el objeto volador: «Era una especie de vidrio vaporoso, y en su interior había cinco figuras». Según Colón, se trataba de seres con aspecto humanoide que se movían dentro de esa especie de «pantalla», al tiempo que continuaba escuchando el penetrante zumbido.

«No sentí miedo en ese momento –continuaba relatándonos–, simplemente los observaba. Instantes después, esos hombres se agarraron de los hombros y la pantalla fue convirtiéndose lentamente en una campana», ahora opaca, de color gris oscuro y rodeada de niebla. Esos seres miraron fijamente al sorprendido testigo, que escuchó un sonido muy parecido al que provoca un antiguo televisor de tubo catódico cuando se apaga, y en ese preciso momento, el objeto volador se desmaterializó ante sus ojos.

Apenas tardó un segundo en darse cuenta de que no se encontraba ya junto a su vehículo, sino a unos 350 metros del mismo. ¿Cómo había podido recorrer esa distancia en un abrir y cerrar de ojos? A toda prisa, Carlos se dirigió hacia la camioneta. «Salté una alambrada y me caí en un charco, pero continué corriendo hasta subirme al automóvil –aseguraba–. Ahí empecé a sentir temor».

Colón pronto se percató de que sufría una alteración en la vista como consecuencia del encuentro cercano con el OVNI y los humanoides. «Veía los coches y los camiones que pasaban a mi lado, pero muy pequeñitos, como si fueran de juguete». Pensó que estaba sufriendo una subida de tensión, así que se dirigió directamente al centro de salud de Trenque Lauquen, temiéndose que en cualquier momento pudiese sufrir un paro cardíaco. Un médico al que conocía salió a su encuentro y enseguida una enfermera le tomó la tensión. Los valores eran normales. Le repitieron la prueba en diversas ocasiones y el resultado siempre era el adecuado. El empresario intentó olvidarse de la impactante experiencia, pero no lo consiguió. Presa del nerviosismo, apenas era capaz de comer y descansar. A esto se sumaba que le faltaban numerosos documentos que llevaba consigo cuando se topó con el objeto volador y los humanoides, además de todo cuanto guardaba ese día en los bolsillos.

LA CONFIRMACIÓN
Colón se sentía muy desanimado y dudaba de su salud mental, así que apenas 24 horas después del incidente, decidió regresar al lugar de los hechos, situado a unos 45 kilómetros de la ciudad en la que reside. Lo hizo conduciendo una motocicleta, porque la camioneta estaba en el taller. Inspeccionó la zona donde el día anterior había detenido la camioneta y luego avanzó esos 350 metros hasta el sitio en el que había aparecido inmediatamente después de que el OVNI se hubiera esfumado.

Allí, entre el barro y la maleza, encontró su documento nacional de identidad, varios documentos de su negocio, y algunas monedas y tuercas que llevaba en sus bolsillos. Al recordar esa circunstancia, rompió a llorar ante nosotros, incapaz de contener sus intensas emociones. Todos los presentes sentimos una enorme simpatía por este hombre que ya supera los 70 años y que nada gana relatando un suceso tan extraño. «Al llegar a casa, abracé a mi mujer y le dije: ‘viejita, no estoy loco’», rememoraba mientras intentaba secar sus ojos de lágrimas y recobrar la calma.

Fue entonces que Carlos se abrió ante nosotros al cien por cien: «Lo estuve pensando –agregó con la voz quebrada–, y esos desgraciados me podían haber echado una mano», refiriéndose a su hija discapacitada. A día de hoy se sigue preguntando el motivo de ese encuentro y, sobre todo, por qué le ocurrió a él: «Podían haber visitado a mi niña. Si son capaces de hacer esas cosas –como aparecer de la nada y desmaterializarse–, también podrían haberla ayudado a tener una vida normal». «Pensé que pasado el tiempo, mi vida retornaría a la normalidad», nos decía aún tratando de reprimir las lágrimas. Sin embargo, la historia acabó filtrándose a la prensa y todos sus vecinos se enteraron del suceso. Muchos se le acercaban para preguntarle por la experiencia o bien ofrecerle una explicación para lo sucedido. Luego llegaron los ufólogos y curiosos que querían escuchar el relato de sus labios.

CAPACIDADES PARANORMALES
Al tiempo, comenzó a desarrollar ciertas capacidades psíquicas que no hicieron más que causarle problemas. Son los típicos «efectos secundarios» que sufren muchos de los protagonistas de encuentros cercanos con OVNIs. Carlos jamás había compartido estas experiencias con la prensa, y mucho menos con los investigadores y aficionados al mundo del misterio. El primer evento extraño ocurrió cuando tocó el reloj de un amigo. «Lo toqué y dejó de funcionar», nos dijo.

Repitió el experimento con más relojes y a todos les sucedió lo mismo. También los aparatos de radio y televisión se estropeaban cuando pasaba a su lado. En un principio se tomó con humor estos eventos, pero los auténticos problemas comenzaron a suceder durante la noche, porque a eso de las tres de la mañana, Carlos se levantaba de la cama en un aparente estado de sonambulismo y caminaba hasta el patio de la casa.

«Mi mujer lloraba y no me quería decir qué estaba pasando, pero al final me dijo que, además de quedarme inmóvil en la oscuridad, se veía una luminiscencia alrededor de mi cuerpo». Carlos Colón decidió viajar hasta Buenos Aires para hacerse una serie de análisis médicos en el afamado Instituto Alexander Fleming, donde se pudo comprobar que había desarrollado una infalible memoria fotográfica. «A no ser que sea cuestión de vida o muerte, evite utilizar estas facultades que han surgido en usted», le aconsejó un médico. Durante tres años mantuvo intactas dichas capacidades, y luego desaparecieron para siempre. «Mi recomendación es que cuando alguien viaje en su coche y se encuentre con un fenómeno como el que viví yo, lo mejor es que no descienda del vehículo».

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario