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Chamanes oscuros

Viernes 15 de Septiembre, 2017
Gracias a su capacidad para acceder al mundo inferior, los brujos prehistóricos se convirtieron en arquetipo del líder de una sociedad secreta

Imaginemos que podemos retroceder en el espacio-tiempo. Mediante una técnica que, por el momento, pertenece al ámbito de la ficción, nos trasladaremos a un entorno que no nos resulta del todo ajeno ni tampoco desconocido. Está anocheciendo y nos encontramos en una llanura salpicada –según podemos apreciar– por largas filas de menhires. No muy lejos, es posible contemplar el océano y escuchar el sonido de sus olas golpeando los acantilados.

Dos figuras aparecen a nuestro lado. No nos ven ni reparan en nosotros. Ahora somos como los dioses invisibles de las leyendas y podemos contemplarlos sin perturbar sus propósitos. Porque ellos, una mujer y un hombre, han venido hasta aquí para algo importante. Nada parecen traer consigo, excepto sus hatillos de piel.

Se detienen y miran al cielo, donde las estrellas, brillantes e infinitas en número, comienzan a aparecer. Ambos se arrodillan muy próximos al mayor de los menhires, un coloso de granito que se eleva hacia el universo resplandeciente, en el que se adivina una gran franja lechosa por encima de las rocas hincadas, guiándolas hacia el mar cercano.

De pronto, la mujer y el hombre se funden en un abrazo. Al rato se separan de nuevo, buscan en sus  hatillos y extraen de ellos unos trozos de roca. Entonces, volviéndose hacia el menhir que parece contemplarlos desde su altura, empiezan a golpearlo rítmicamente…

 

EN LA TIERRA DE LOS MUERTOS

La mujer comienza a cantar. A poco, la sigue el hombre. Ambos no paran en su esfuerzo. Es una canción sagrada que, lentamente, va conmoviendo la noche, llega hasta el océano con su agitación y sacude con su melodía las filas de altas piedras hincadas.

La canción que la pareja entona les fue enseñada por su Maestra, en la aldea que se esconde entre las primeras enramadas del bosque. Además, han aprendido otras canciones para alejar a las fieras, detener presas de caza en su carrera o llamar a ciertas criaturas extrañas que viven en la espesura. Pero ésta que hoy entonan es especial y particularmente poderosa, porque sirve para abrir un camino que, bajo el palio estrellado del universo, lleva hasta la Tierra de los Muertos.

El gran menhir comienza a conmoverse bajo la incesante y rítmica acometida de los cantores. Bajo sus pies, un inmenso latido se deja sentir. Muy pronto, la Madre Tierra sacudirá sus espinas de piedra, abandonando su quietud para estirar los viejos miembros. Cuando ese momento llegue, se abrirá el Umbral y dos planos de la realidad comenzarán a plegarse uno sobre otro. Entonces, el hombre y la mujer atravesarán esa puerta ideal y pasarán al Otro Lado. Ellos son discípulos de la Gran Chamana que permanece allá en la aldea y que se regocija al escuchar la conmoción nacida en medio de las filas de rocas. El hombre y la mujer están pasando ahora por la gran prueba de su vida: tendrán que llegar hasta la lejana y peligrosa Tierra de los Muertos y regresar de nuevo a nuestro mundo.

 

LA GRAN  TRANSFORMACIÓN

Este relato de lo que hemos contemplado durante la noche en nuestro papel de dioses invisibles, reúne esbozos de algo que los chamanes conservaban y transmitían como parte de sus conocimientos reservados. Los testimonios que recogen las huellas de estos extraños poderes se encuentran esparcidos por el mundo entero, grabados en las duras rocas o dibujados en los paneles de arte parietal de muchos lugares. El afamado prehistoriador francés Jean Clottes lo confirma a través de sus trabajos. Por no hablar de Mircea Eliade en El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis: el chamán es un especialista en contornear la realidad que nos envuelve, y es capaz de deslizarse al Otro Lado mediante el empleo de técnicas dura y trabajosamente aprendidas, ejercitadas a veces con riesgo para su salud o de su propia vida.

Otro aspecto importante que se pone de relieve con el estudio y la observación de los chamanes es su capacidad de transformación. Así, el aprendiz de chamán será  llevado un día a un lugar apartado y secreto en el que se encontrará con sus animales espíritu, es decir, con aquellas potencias que en esa importante ocasión actuarán sobre él de una manera decisiva. En ese ámbito recogido y al abrigo de cualquier mirada intrusa, los animales-espíritu atacarán al aprendiz de chamán, lo reducirán a pedazos, comerán su carne y beberán su sangre, hasta dejarlo convertido en esqueleto. Entonces, como por un milagro, esos mismos animales que lo han devorado empezarán a recubrir los desnudos huesos con trozos de carne que regurgitarán de sus estómagos, llenando las cavidades con la sangre anteriormente bebida y resucitando al difunto, que ha vuelto a la vida desde su estado de esqueleto.

Pero los animales-espíritu no se limitarán a devolverle su carne  y sus fluidos vitales, sino que depositarán en su interior un objeto extraño –una piedra, una ramita, una concha, etc.–, con lo cual, el resucitado ya no será el mismo que era antes de sufrir este proceso de muerte y resurrección, sino que aparecerá ahora dotado con la capacidad de chamanizar. El que anteriormente era un individuo lleno de dudas, sufriente e imperfecto, es ahora un auténtico chamán, con su aparejo de sabiduría, de conocimiento y de equilibrio con el mundo.

Lo más importante, quizá, además de su transformación y de ese cambio de carácter verdaderamente cósmico experimentado tras su proceso iniciático (muerte a la vieja vida/resurrección a una existencia nueva), será su conciencia en el poder extraordinario de las palabras mágicas usadas mediante una técnica especializada, acompañadas con su tambor, que también puede servirle como vehículo extraordinariamente activo y capaz para un traslado entre mundos, o de instrumento defensivo, al objeto de resguardarse de las iras de dioses furibundos o de demonios peligrosos.

También será decisiva su capacidad de guiar la transformación de otros, individuos y grupos, cuando fuere necesario. La posibilidad de acceder a niveles de conciencia diferentes es una de las tareas que desempeñará el chamán auténtico, ayudándose a veces de sustancias psicotrópicas. Pero esa alma nueva  que sucede a la vieja y enferma ha de nacer pura y brillante, sin contaminaciones con materias e influencias extrañas. Así, la voluntad y el conocimiento del chamán serán las herramientas más poderosas y las más fieles, para ayudarle en esa  gran obra.

 

DIOSES Y DEMONIOS

Recuperemos por un momento nuestra técnica secreta para movernos entre espacio-tiempos diferentes y acudamos ahora a un poblado del Paleolítico superior. El día transcurre por allí con normalidad y, en nuestro papel de dioses invisibles, podemos observar las actividades cotidianas de aquellas gentes sin ser molestados. Aunque nuestro propósito no será  satisfacer vanas curiosidades, sino introducirnos en las fauces de una cueva abierta  en un cantil próximo. Hemos visto que en ella se adentraba uno de nuestros chamanes junto con algunos jóvenes, que bien podrían ser sus discípulos, y deseamos contemplarlos en sus actividades. Como afirma Clottes en su libro, compartido con David Lewis-Williams, Los chamanes de la prehistoria, una buena parte de la actividad chamánica, en estos casos, era casi siempre subterránea.

Nos adentramos en la caverna y seguimos a nuestros protagonistas, que guían sus pasos con unas  débiles luces en un camino cada vez más estrecho y dificultoso. Sus cuerpos terminan arrastrándose y retorciéndose por aberturas que apenas permiten el paso. Pero al fin, tras largo tiempo de marcha en una oscuridad apenas disipada por las mínimas luminarias que portan, parecen haber llegado a su destino. Estamos en una de las partes más  profundas y remotas de la gran cueva. La curiosidad por ver a donde querían llegar los individuos del grupo nos ha impedido fijar plenamente nuestra atención en los gestos que hacía el chamán en ciertos pasos. Pero si nos hubiésemos fijado bien, habríamos visto cómo,  antes de penetrar por ciertos orificios, o después de que el pequeño grupo hubiera  pasado, se detenía un momento para untar con grasa  –llevada por él mismo en un pequeño recipiente de su hatillo– determinados relieves del terreno, recitando al tiempo una salmodia apenas audible, como si abriese un camino mágico o fuese cerrando ciertas puertas invisibles tras de sí.

Ahora, el grupo permanece quieto. Sus integrantes se han puesto en cuclillas sobre el suelo rocoso. Cada uno porta en su mano una cuerdecilla encendida que será toda su luz durante el tiempo que estén dentro. El chamán se ha separado de ellos introduciéndose en otro hueco aún más reducido. Allí se acuesta sobre la espalda, sin hacer caso de las aristas rocosas que se clavan en su cuerpo y arroja fuera su cuerdecilla inflamada,  quedándose en una oscuridad densa, casi líquida. Pero no importa. Él no necesita de luz alguna, porque lo que allí se va a realizar es una proeza de la mente y no actividades materiales. Eso es, precisamente, lo que desea enseñar a sus discípulos.

 

EN EL MUNDO INFERIOR

Jean Clottes señala que los artistas chamanes tenían la facultad –el Poder, el Conocimiento, diría yo– de persuadir a las criaturas y espíritus del mundo inferior para atravesar la roca. Haciendo esto, transformaban sus visiones en fuerzas capaces de recorrer largas distancias a través de las peñas y recovecos del cantil o de la montaña y actuar en el mundo exterior.

De manera que, tendido como está, impregna sus manos con una mezcla de pintura sagrada y grasa, deslizándolas luego por la superficie rugosa de la roca que lo cubre  casi como una losa sepulcral. Aquí y allá comienzan a adivinarse las curvas de una gacela, los colmillos de un mamut, las fauces abiertas de una fiera o el contorno de un búfalo. Los animales-espíritu así convocados podrán ser dominados más fácilmente por los cazadores que aguardan fuera, al aire libre, bajo la luz del sol.

Pero eso no es todo, ni con esas maniobras ha terminado la ceremonia. Él y sus discípulos iniciarán ahora una larga estancia en la más  completa oscuridad, en la que aflorarán sus miedos y toda la angustia que llevan dentro, aprendiendo a controlar esas fuerzas oscuras y a utilizar su energía para contrarrestar el poder de otras entidades mucho más negras, siniestras y crueles que muy pronto se harán presentes. En el silencio de la cueva se escucha sólo el recitar del chamán. Ya no acaricia con sus manos la superficie rocosa, sino que trata de sorprender más allá de esa pared  los signos de algo que se acerca desde lo profundo.

Aquí y allá, ciertos relieves adoptan los perfiles inquietantes de dioses oscuros que se acercan. Terribles cazadores de almas hacen de su entorno un lugar mortecino e inseguro y su presencia se anuncia  por un temblor que es posible detectar colocando las palmas de las manos sobre la piedra.

A una señal del chamán, los discípulos se alzan apoyando sus manos sobre el muro, intentando cerrar el paso a lo que se acerca. La pared de roca es una frontera entre la vida y la muerte, un límite que cada vez se hace más estrecho y frágil. El chamán intenta reforzar el poder de todas aquellas manos rociándolas con grasa y con su pintura sagrada. Previsor, había delineado antes un recinto especial con invocaciones y sellos mágicos, colocados mientras entraban en las profundidades de la cueva.

Hay que decir que muchas de tales huellas de manos todavía permanecen hoy en las paredes rocosas de los lugares más escondidos de esas cavidades en las que se manifiesta lo que hemos llamado «arte parietal», junto a figuras más  complejas y misteriosas con las que el conocimiento chamánico pudo haber intentado contener a fuerzas y entidades misteriosas llegadas del mundo inferior o del ámbito «interno» de la Tierra. Estas escenas nos sugieren a nosotros, visitantes ocasionales e invisibles gracias a nuestra técnica de viaje por espacio-tiempos alternativos que, desde tiempos pretéritos, la humanidad ha podido entrar en contacto con poderes hostiles y peligrosos que el chamán siempre ha intentado conjurar. La Vida y la Muerte y el camino de tránsito entre ambas están sembrados con los intentos llevados a cabo por estas antiguas técnicas que vinculan estrechamente el poder de la transformación y la esperanza del Despertar.

 

EL SECRETO DE LAS MÄNNERBÜNDE

Cabe preguntarse si, como todo aquello que afecta a los humanos, el chamanismo posee alguna versión oculta y oscura con la que, lejos de prestar ayuda a las comunidades a las que sirve, a protegerlas contra el asalto de las fuerzas extrañas y ajenas, o a colaborar para su mantenimiento y estabilidad, pueda dedicar sus esfuerzos a potenciar lo inquietante y el desasosiego de lo tradicionalmente no permitido o tolerado por los grupos sociales.

Hemos de responder que sí. Al menos, en ciertos casos, estos especialistas –o, más bien su versión «negra»– han servido a esos intereses que, de una manera o de otra, casi siempre suelen permanecer ocultos. Aquello que, con esta colaboración, haya podido quedar al descubierto, no viene más que a confirmar la innegable e inevitable polarización que afecta, querámoslo o no, a nuestro mundo. Tal como señalan Pauwels y Bergier en El retorno de los brujos, nada hay nuevo sino lo que se ha olvidado.

Desde los periodos más antiguos, cuando la humanidad ya había abandonado prácticamente sus hábitos de vagabundeo y el modo de cazadores reproductores con el cual, por milenios, había sostenido los rudimentos de cultura que por entonces comenzaban a apuntar, aunque no en todas partes ni en el mismo momento, y empezaban a establecerse en comunidades más  o menos fijas y estables, al mismo tiempo que se establecían los primeros rudimentos de jerarquía social y de grupos de estatus, aparecieron también por primera vez las sociedades secretas.

Esto eran, desde luego, las Männerbünde, o asociaciones masculinas de guerreros y de jóvenes, que mantenían, aún en tiempos de paz o de tranquilidad relativa, sus  costumbres guerreras y combativas, distinguiéndose por su comportamiento violento y agresivo, dirigido tanto contra los enemigos del grupo como frente a cualquier otro colectivo cuyos intereses o comportamiento no fuesen considerados como adecuados.

Tales sociedades secretas fueron haciéndose cada vez más  reservadas, cerradas y hostiles a cualquiera que tratase de intervenir contra ellas o de sorprender sus  misteriosos y cada vez más ocultos comportamientos o proyectos. Expertos en el Conocimiento reservado, fueron seguramente tentados muchas veces para que se unieran  a estas sociedades guerreras y probablemente unos cuantos aceptaron de buen grado por el poder y el prestigio que, dentro de ellas, podrían alcanzar.

Determinados analistas de este tema tan espinoso llegaron a concluir que, con el tiempo, en algunas de estas sociedades secretas se consiguió descubrir el método para desatar entre sus guerreros miembros el berserksgangr, es decir, la posibilidad de transformarlos en berserkir (guerreros-oso) o ulfhed- nar (guerreros-lobo), que revestidos con las pieles y cráneos de aquellos animales se comportaban en combate como «guerreros-fiera», en los cuales se desataba un estado de furia agresiva y salvaje sobre el que no podía ejercerse ningún control y en los que no hacían mella el hierro o el fuego.

Más tarde, según parece, el perfeccionamiento de estos métodos secretos o tal vez su evolución inevitable, terminaron por transformar a los berserkir y a los ulfhednar en auténticos licántropos o en verdaderos demonios, convirtiendo de ese modo un proceso que, en principio, era reversible, en un destino sin retorno.

Estos procesos fueron estudiados por servicios como la Ahnenerbe de las SS nazis. Se comenta que el propio Himmler, el Reichsführer SS, tenía la obra principal de Otto Höfler (Kultische Geheimbünde der Germanen), uno de los principales investigadores en esta materia, como libro de cabecera.

Los chamanes –en estos casos, tendríamos que llamarlos Chamanes Negros– con su conocimiento altamente especializado en el acceso a estados alterados de conciencia, sobre el tránsito hacia otros universos de realidades paralelas, o respecto al control de las almas arrastradas al Otro Mundo o al Mundo de los Muertos, eran seguramente muy apreciados para llevar a cabo sus proyectos de transformación en el seno de estas asociaciones y grupos secretos. Místicos y ocultistas como Karl Maria Willigut (Weisthor) al servicio de los planes asimismo secretos de Männerbünde contemporáneas como las SS nazis y sus programas de investigación instalados en la Ahnenerbe, estudiaron sin duda con gran interés estos procesos y experiencias de los Chamanes Negros, igual que lo hicieron también con el chamanismo Bon tibetano.

Así, algo del infierno y de sus demonios, entendidos no desde una perspectiva religiosa concreta, sino como elementos de lo numinoso-primordial activos y dotados de un gran poder, fue traído finalmente a nuestro mundo.

 

 

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